Costa-Gavras, con su maestría habitual para abordar temas espinosos que nos tocan de cerca, ofrece un thriller financiero de cuya mano nos adentramos en las podridas entrañas de una entidad bancaria de nuestros días y cuyo lema, incorporado al cartel anunciador del film, no deja lugar a dudas: “Continuaremos robando a los pobres para dárselo a los ricos”.No se trata de ponderar hasta qué punto se ha llenado el argumento de elementos ficticios y es evidente que incluso recurre a unas ligeras caricaturas para subrayar su propósito, pero, al mismo tiempo, no resulta nada difícil intuir lo mucho de la desgarradora realidad que pone al descubierto.
Su referencia central es un ambicioso personaje que de la noche a la mañana se convierte en el presidente de uno de los bancos más importantes de Europa con delegaciones en todo el mundo. Pronto se verá involucrado en situaciones delicadas vinculadas a la especulación, los despidos masivos y las tretas de poderosos accionistas.
No decae el interés en ningún momento y no importa no ser un especialista en el argot financiero para entender cada uno de los movimientos que lleva a cabo este tipo sin escrúpulos, porque, aunque se manejan algunos términos propios de esos ámbitos, el guión y su puesta en escena son lo bastante directos y claros para que no se pierda ni un ápice de su denuncia contundente.
Su ágil desarrollo no impide dejar para el recuerdo frases absolutamente redondas como la que prácticamente abre la película: ‘El dinero es como un perro que no pide caricias”. Por otra parte, no todo gira en torno a la ambición sino que incluso se permite dejar un pequeño espacio para llamar la atención sobre otras situaciones relacionadas con la incomunicación familiar, un cierto descuido por la educación de los hijos y un desapego directamente proporcional a la ansiedad de triunfo profesional.
Gad Emaleh, más habitual en la comedia, cumple perfectamente con este reto interpretativo dando la réplica adecuada, entre otros, a un Gabriel Byrne, también impecable en su papel.
Estreno recomendable que deja un mensaje final para invitar a la reflexión aunque la manera en que se plasma su desenlace sea la única nota un tanto disonante.
Cine financiero: «El capital»